{"id":9835,"date":"2026-03-13T11:50:55","date_gmt":"2026-03-13T18:50:55","guid":{"rendered":"https:\/\/periodistas2027.com\/?p=9835"},"modified":"2026-03-13T11:50:55","modified_gmt":"2026-03-13T18:50:55","slug":"la-mujer-de-rojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/proyectoz.com.mx\/index.php\/2026\/03\/13\/la-mujer-de-rojo\/","title":{"rendered":"LA MUJER DE ROJO"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Novela corta sobre el reino del coprolenguaje. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:23px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Mar\u00eda Margarita Free del Castillo.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:18px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde un principio no hubo ideas. Hubo ruido, ruido de teclas de computadora golpeadas con furia, insultos lanzados como piedras y una lluvia de palabras viscosas que ca\u00edan sobre la plaza digital como residuos de un drenaje abierto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esa zahurda asquerosa apareci\u00f3 la mujer de rojo. Nadie recordaba cu\u00e1ndo comenz\u00f3 a vestir as\u00ed. Algunos dec\u00edan que era una obsesi\u00f3n antigua: pa\u00f1uelos rojos, blusas rojas, labios rojos, carpetas rojas, hasta la pantalla del tel\u00e9fono iluminaba su rostro con un resplandor rojo que le hac\u00eda parecer una aparici\u00f3n salida del averno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El rojo la excitaba. La volv\u00eda feroz. Dec\u00eda que el rojo era el color de la lucha, pero quienes la observaban con distancia sospechaban otra cosa: era el color de la c\u00f3lera permanente. Viv\u00eda conectada a su Facebook como quien habita en un balc\u00f3n desde el cual arroja cubetas de agua sucia a los transe\u00fantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una noche, convencida de que el mundo conspiraba contra su existencia, decidi\u00f3 enfrentar a los molinos de viento. Pero ya no hab\u00eda molinos. Hab\u00eda universidades, debates, proyectos de reforma, discusiones sobre pensiones, autonom\u00eda, administraci\u00f3n y futuro institucional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada de eso le interesaba. Lo que la fascinaba era el lodo. En su mente, las discusiones universitarias eran simples pretextos para iniciar la batalla. No atacaba argumentos: atacaba personas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed empez\u00f3 el espect\u00e1culo grotesco. Publicaba videos y mensajes donde la raz\u00f3n era sustituida por una artiller\u00eda de insultos. Las palabras escatol\u00f3gicas -con olor a caca- flu\u00edan como un r\u00edo oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era un idioma peculiar. Un idioma donde el argumento era reemplazado por el excremento verbal. Un dialecto nacido de la coprofagia, una lengua en la que cada frase parec\u00eda salir de una letrina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mujer de rojo no estaba sola. Alrededor de ella comenz\u00f3 a reunirse una peque\u00f1a corte de locos. Personajes que la segu\u00edan con fervor extra\u00f1o: \u201ccomentaristas\u201d furiosos, agitadores an\u00f3nimos, resentidos profesionales y uno que otro desquiciado que encontraba placer en el insulto colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era una comunidad peculiar. Un coro de voces delirantes que celebraban cada injuria como si fuese una haza\u00f1a intelectual. En ese rinc\u00f3n de internet se cre\u00f3 algo parecido a una porqueriza digital. Ah\u00ed no se discut\u00edan ideas. Se consum\u00edan y arrojaban excrementos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quien intentaba introducir un dato era expulsado. Quien ped\u00eda evidencia era acusado de traidor. Quien hablaba con calma era devorado. La mujer de rojo se convirti\u00f3 en la reina de aquel chiquero. Ella misma se proclam\u00f3 l\u00edder. No de una corriente de pensamiento, sino de una insurrecci\u00f3n de la bilis.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el tiempo ocurri\u00f3 algo extra\u00f1o. Los mensajes de la mujer de rojo comenzaron a volverse cada vez m\u00e1s confusos. Una publicaci\u00f3n atacaba a alguien. La siguiente atacaba a otro. La tercera atacaba a todos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Era como si peleara contra enemigos invisibles. La gente empez\u00f3 a preguntarse qu\u00e9 buscaba realmente. Nadie lograba responder. En el pueblo digital corr\u00eda un rumor: \u2014La mujer de rojo hab\u00eda empeorado: estaba loca de remate-.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunos segu\u00edan aplaudiendo. Otros comenzaron a observar con inquietud ya que el espect\u00e1culo semejaba un psiqui\u00e1trico, retacado de enfermos sin cura. Sus seguidores, sin embargo, bailaban alrededor de sus publicaciones como una tribu hipnotizada. Era una danza de esquizofrenia colectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el paso de los meses, su lenguaje descendi\u00f3 m\u00e1s. Las frases ya no eran frases: eran gru\u00f1idos. Cada palabra parec\u00eda salir del drenaje. La mujer de rojo hab\u00eda desarrollado una habilidad singular: transformar cualquier tema en una explosi\u00f3n de insultos y de caca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Econom\u00eda, pol\u00edtica, universidad, cultura, todo terminaba convertido en un cat\u00e1logo de excrementos verbales. La degradaci\u00f3n era tal que algunos estudiosos del lenguaje comenzaron a llamarlo coprolenguaje. Un idioma primitivo donde la rabia sustituye a la raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero para su peque\u00f1o ej\u00e9rcito aquello era brillantez. Aplaud\u00edan. Compart\u00edan. Celebraban cada injuria como si fuese una revelaci\u00f3n filos\u00f3fica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una noche alguien escribi\u00f3 en un comentario: \u2014Eres nuestra l\u00edder -. La mujer de rojo lo crey\u00f3. Desde entonces empez\u00f3 a hablar como una profeta. Publicaba manifiestos delirantes. Acusaba conspiraciones invisibles. Se proclamaba voz de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero fuera de aquel peque\u00f1o manicomio digital la reacci\u00f3n era distinta. La gente comenzaba a mirarla con l\u00e1stima. No era una l\u00edder de opini\u00f3n. Era una l\u00edder de trastornados mentales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo peor ocurri\u00f3: la mujer de rojo ya habla sola. All\u00e1, en un edificio gris, en las afueras de la ciudad, cerca del mar, camina por los pasillos peleando sola. Discute con enemigos invisibles. Se enfurece con fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y de vez en cuando pronuncia discursos encendidos frente a una pared. Los enfermeros dicen que siempre habla de lo mismo. De traiciones. De conspiraciones y jubilaciones. De una guerra que s\u00f3lo existe en su mente. A veces grita. veces r\u00ede. Pero siempre, siempre, viste de rojo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Novela corta sobre el reino del coprolenguaje. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia Mar\u00eda Margarita Free del Castillo. 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