{"id":8330,"date":"2026-02-06T21:38:31","date_gmt":"2026-02-07T04:38:31","guid":{"rendered":"https:\/\/periodistas2027.com\/?p=8330"},"modified":"2026-02-06T21:38:31","modified_gmt":"2026-02-07T04:38:31","slug":"el-incierto-retorno-del-diputado-sergio-torres-el-atentado-tambien-lesiono-su-proyecto-politico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/proyectoz.com.mx\/index.php\/2026\/02\/06\/el-incierto-retorno-del-diputado-sergio-torres-el-atentado-tambien-lesiono-su-proyecto-politico\/","title":{"rendered":"El incierto retorno del diputado Sergio Torres. El atentado tambi\u00e9n lesion\u00f3 su proyecto pol\u00edtico\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>\u00c1lvaro Arag\u00f3n Ayala<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay hechos que rompen cualquier c\u00e1lculo y proyecto pol\u00edtico. El atentado del pasado 28 de enero en Culiac\u00e1n contra el diputado local y dirigente de Movimiento Ciudadano en Sinaloa, Sergio Torres F\u00e9lix, pertenece a esa categor\u00eda. Un disparo en la cabeza lo mantiene a\u00fan hospitalizado, en estado cr\u00edtico, luchando por la vida. En el mismo ataque, la diputada Elizabeth Montoya Ojeda result\u00f3 gravemente lesionada y perdi\u00f3 un ojo, una secuela irreversible que cambia para siempre el curso de una vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde entonces, el tiempo corre de otra manera para ellos y para sus familias. La urgencia dej\u00f3 de ser pol\u00edtica. Se volvi\u00f3 vital. En los pasillos del hospital, lejos de los micr\u00f3fonos y de las estrategias partidistas, se libra una batalla silenciosa: la de la sobrevivencia, la recuperaci\u00f3n y la incertidumbre. Un disparo en la cabeza no es s\u00f3lo una agresi\u00f3n f\u00edsica; es un parteaguas que redefine la vida antes y despu\u00e9s del atentado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La medicina es clara y, al mismo tiempo, implacable. Una herida de bala en el cr\u00e1neo suele provocar lesiones cerebrales traum\u00e1ticas de moderadas a severas. Incluso cuando la vida se logra preservar, las secuelas pueden ser profundas y permanentes: dificultades motoras, problemas del habla, p\u00e9rdida de memoria, trastornos de atenci\u00f3n, cambios en la personalidad, convulsiones, cefaleas cr\u00f3nicas y afectaciones emocionales severas como depresi\u00f3n o estr\u00e9s postraum\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada de esto es especulaci\u00f3n. Es la realidad cl\u00ednica que enfrentan miles de v\u00edctimas de violencia armada en el pa\u00eds. En el caso de Sergio Torres el impacto trasciende lo individual, pero no debe invisibilizar lo esencial: el cuerpo humano tiene l\u00edmites, y la voluntad pol\u00edtica no los cancela. Elizabeth Montoya ya enfrenta una p\u00e9rdida irreversible. Su salida del hospital no significa el fin del proceso, sino el inicio de una adaptaci\u00f3n compleja, f\u00edsica y emocional, que la acompa\u00f1ar\u00e1 toda la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sergio Torres, mientras tanto, permanece en una condici\u00f3n delicada, en coma inducido y con soporte de respiraci\u00f3n artificial. Su estado de salud mantiene en suspenso no s\u00f3lo su futuro pol\u00edtico, sino su propio proyecto de vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>POL\u00cdTICA EN PAUSA Y SILENCIO CONTENIDO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los d\u00edas posteriores al atentado, la clase pol\u00edtica sinaloense entr\u00f3 en una especie de silencio contenido. Hubo mensajes de solidaridad, comunicados institucionales y llamados gen\u00e9ricos a la justicia. Sin embargo, conforme avanzaron las horas y los d\u00edas, el tema comenz\u00f3 a desplazarse de la agenda p\u00fablica, como si el pa\u00eds estuviera tr\u00e1gicamente habituado a que la violencia imponga su propia normalidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El periodista Alejandro Sicairos precis\u00f3 en su columna del 4 de febrero publicada en Noroeste que, aun en medio de la conmoci\u00f3n, la dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano continu\u00f3 operando para evitar un vac\u00edo de liderazgo en Sinaloa, en un momento clave de cara a los comicios del pr\u00f3ximo a\u00f1o. La estrategia partidista sigui\u00f3 su curso, pausada brevemente por respeto a la situaci\u00f3n m\u00e9dica de Sergio Torres, pero sin alterarse de fondo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>EL RETIRO NO PLANEADO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si Sergio Torres logra superar el atentado, enfrentar\u00e1 un escenario que rara vez se dice en voz alta: la pol\u00edtica puede dejar de ser una opci\u00f3n viable. No por falta de voluntad, sino por las exigencias f\u00edsicas, cognitivas y emocionales que impone una lesi\u00f3n cerebral. La vida p\u00fablica implica exposici\u00f3n constante, estr\u00e9s, presi\u00f3n, recorridos, confrontaciones y riesgos. Para alguien que ha estado al borde de la muerte, el simple acto de preservar la estabilidad puede convertirse en una prioridad absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esos casos, el retiro no es una renuncia ideol\u00f3gica ni una derrota personal. Es una consecuencia forzada de la violencia. Una salida obligada. Existe otro elemento que suele acompa\u00f1ar a este tipo de atentados, aunque pocas veces se nombra abiertamente: el miedo persistente. Cuando una persona es atacada de esta manera, aun sin conocerse los motivos, queda marcada. La percepci\u00f3n de riesgo se extiende a la familia, al entorno cercano, a la vida cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En M\u00e9xico, no son pocos los casos de pol\u00edticos, empresarios, periodistas y activistas que, tras sobrevivir a un atentado, optan por abandonar su lugar de origen. No se trata de cobard\u00eda, sino de autoprotecci\u00f3n. Cambiar de ciudad o incluso de pa\u00eds se convierte en una estrategia para seguir con vida. Si Sergio Torres sobrevive, la posibilidad de que decida vivir fuera de Sinaloa no ser\u00eda una forma de reducir riesgos en un contexto donde la violencia rara vez ofrece segundas advertencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El SILENCIO QUE PESA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A m\u00e1s de una semana del ataque, los motivos siguen sin esclarecerse. No hay informaci\u00f3n p\u00fablica contundente y las autoridades dicen haber detenido a uno de los implicados en el atentado. No se ha visto una exigencia sostenida y firme de justicia desde las c\u00fapulas de Movimiento Ciudadano. Ese silencio genera inquietudes y sospechas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este atentado no s\u00f3lo hiere a dos personas. Quebranta a la pol\u00edtica misma que vuelve a mostrar su vulnerabilidad frente a la violencia criminal. Pero, sobre todo, recuerda algo que a menudo se pierde entre discursos y campa\u00f1as: los pol\u00edticos tambi\u00e9n son cuerpos, familias, historias personales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, Sergio Torres F\u00e9lix no es un dirigente, un operador ni un aspirante al gobierno de Sinaloa. Es un paciente. Elizabeth Montoya Ojeda no es una cifra ni un da\u00f1o colateral: es una mujer que perdi\u00f3 un ojo por ejercer un cargo p\u00fablico. El desenlace a\u00fan est\u00e1 abierto. Pero cualquiera que sea, ya hay una certeza: despu\u00e9s de las balas, nada vuelve a ser igual. Y esa es la tragedia m\u00e1s profunda que deja la violencia cuando irrumpe en la vida p\u00fablica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c1lvaro Arag\u00f3n Ayala. Hay hechos que rompen cualquier c\u00e1lculo y proyecto pol\u00edtico. 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