Richard Lizárraga Peiro
Héctor Cárdenas Rodríguez, delegado en Sinaloa de la Asociación Nacional de Centros Cambiarios y Transmisores de Dinero y director de Servicheques, en Los Mochis, advierte que la inseguridad, la incertidumbre política y los obstáculos a la inversión están generando un costo económico que ya resienten empresarios, trabajadores y familias sinaloenses.
En entrevista para VOCES NACIONALES, plantea que Sinaloa tiene condiciones naturales, productivas y estratégicas para crecer, pero necesita recuperar tres elementos fundamentales: seguridad, confianza y reglas claras.
—Héctor, ¿cuál es hoy el principal problema económico de Sinaloa?
—Hay que decirlo con claridad: sin seguridad y orden no hay economía que aguante. En Sinaloa amanecemos con una noticia política y nos acostamos con otra. Gobernadores que van, vienen, piden licencia o regresan; pleitos políticos, inseguridad y una incertidumbre a la que no se le ve fin. Pero más allá de la grilla política, hay algo que pocas veces se menciona: todo este desorden también cuesta dinero. Y ese costo finalmente lo terminamos pagando entre todos: empresarios, trabajadores y familias.
—¿Cómo se refleja esa situación en la actividad empresarial?
—De muchas maneras. Culiacán es probablemente el ejemplo más doloroso. Después de casi dos años de violencia, miles de negocios han cerrado, otros han reducido sus horarios y muchos empresarios dejaron de invertir. Hay algo muy sencillo: cuando un comerciante no sabe si podrá abrir mañana, difícilmente estará pensando en abrir una segunda sucursal. La inversión necesita confianza. Nadie arriesga su patrimonio, su capital y el futuro de sus trabajadores cuando no tiene certeza de lo que puede ocurrir al día siguiente.
—¿El problema se limita a Culiacán?
—No. Mazatlán tampoco ha salido ileso.
La percepción de inseguridad ha golpeado al turismo y también a la conectividad aérea. Y cuando dejan de llegar visitantes extranjeros, no solamente pierde el hotelero. Pierden los restaurantes, los taxistas, los comercios, los prestadores de servicios y, en general, todos aquellos que viven de los dólares que antes circulaban por la ciudad. El turismo tiene un efecto multiplicador muy importante. Cuando llega un visitante, su dinero se distribuye entre muchas actividades económicas. Cuando deja de llegar, el impacto también se multiplica, pero en sentido contrario.
—¿Y qué está ocurriendo en Ahome?
—Aquí tampoco estamos como para presumir. Tenemos el caso del CIE, Trapiche y Teatro Ingenio, que anunciaron el cierre de operaciones ante la falta de recursos estatales. Todavía se buscan alternativas para conservar estos espacios y ojalá se logre porque perderlos no significaría solamente un retroceso cultural o educativo, también significaría perder empleos, actividad económica y calidad de vida. Hay que entender que la economía no solamente está en las fábricas o en los grandes comercios. También está en los trabajadores, en los servicios, en la cultura, en la educación y en todos esos espacios que generan movimiento económico.
—¿Qué está pasando con los grandes proyectos industriales del norte?
—Ahí tenemos un asunto que debemos analizar con mucha responsabilidad. Están proyectos como GPO y Mexinol en Topolobampo, que tienen el potencial de transformar económicamente al norte de Sinaloa. GPO representa una inversión industrial enorme, generación de empleos y producción nacional de insumos para fertilizantes que actualmente importamos. Y Mexinol supera los 3 mil millones de dólares y plantea miles de empleos tanto durante su construcción como en su etapa de operación. Por supuesto, toda inversión tiene que cumplir estrictamente con la ley, cuidar el medio ambiente y respetar a las comunidades. Eso ni siquiera debería estar sujeto a discusión. Pero una cosa es exigir que las cosas se hagan bien y otra muy diferente es convertirnos en especialistas en espantar inversiones.
—¿Por qué dice usted que una inversión grande termina beneficiando a otros sectores?
—Porque una empresa grande no solamente trae una fábrica. Trae empleos, proveedores, transporte, restaurantes, vivienda, comercio, impuestos y oportunidades para otras empresas.
Una inversión grande jala muchas inversiones pequeñas detrás. Cuando llega una industria, alguien tiene que transportar sus productos; alguien tiene que alimentar a sus trabajadores; alguien tiene que ofrecer servicios; alguien tiene que construir viviendas; alguien tiene que vender, reparar, suministrar y atender. Por eso hay que dejar de ver las grandes inversiones como proyectos aislados. Forman parte de una cadena económica mucho más amplia.
—Entonces, ¿cuál considera que es el verdadero problema económico de Sinaloa?
—La contradicción es evidente: queremos crecimiento, mejores salarios y más empleos, pero al mismo tiempo tenemos inseguridad, incertidumbre política, negocios cerrando y proyectos productivos enfrentando obstáculos.
Así es muy difícil avanzar. La economía necesita algo muy sencillo de explicar, aunque parece muy difícil de conseguir: seguridad, confianza y reglas claras. El empresario puede soportar impuestos, competencia e incluso un mal año. Lo que difícilmente puede soportar es no saber qué va a pasar mañana.
—¿Sinaloa tiene condiciones para crecer?
—Por supuesto. Tenemos agricultura, turismo, puertos, empresarios, infraestructura productiva y una ubicación geográfica privilegiada. Tenemos con qué crecer. Lo que nos está faltando es dejar de ponerle piedras al camino.
No podemos pedir inversión mientras generamos incertidumbre. No podemos pedir empleos mientras permitimos que cierren negocios. No podemos hablar de crecimiento mientras la inseguridad obliga a los empresarios a reducir horarios, cancelar proyectos o sacar su capital.
—¿Qué riesgo corremos si esta situación continúa?
—Que descubramos demasiado tarde algo muy importante: las inversiones también se cansan. Y cuando una inversión se va, no siempre regresa. El capital busca condiciones. Busca seguridad, certidumbre, estabilidad y reglas que se respeten.
Si aquí no encuentra esas condiciones, buscará otro lugar. Y después recuperar una inversión perdida puede ser mucho más difícil que conservarla desde el principio.
—¿Cuál sería, entonces, bajo el análisis de Héctor Cárdenas Rodríguez, la ruta para recuperar la economía?
—La solución urgente es recuperar la seguridad y la confianza, dar certeza a quien invierte y apoyar a quien produce. Necesitamos menos obstáculos y más condiciones para trabajar, invertir y crecer. Sinaloa tiene empresarios, trabajadores, recursos, infraestructura, agricultura, puertos, turismo y una posición estratégica extraordinaria. Lo que necesitamos es que todos esos factores puedan trabajar juntos. Al final de cuentas, el mensaje es muy sencillo: Sin seguridad y orden no hay economía que aguante. Y si queremos un Sinaloa con más empleos, mejores salarios y mayores inversiones, primero tenemos que construir las condiciones para que quien tiene capital quiera venir, quien ya está aquí quiera quedarse y quien produce tenga la certeza de que vale la pena seguir apostando por Sinaloa.

